24 días en el Distrito

Un año antes de salir de viaje, me compré por catálogo una libreta azul, hecha de papel reciclado. No la necesitaba en ese momento, pero pensé que seguro cuando me fuera la iba a querer. Cuando llego a mis manos me emocioné. La abrí, vi sus hojas color crema, y las pasé pensando qué lapicera me compraría para llenarlas de garabatos. La cerré con su cordón azul y la guardé en un cajón, a la espera.

Los días pasaron. De vez en cuando la buscaba en su rincón, para asegurarme que todavía estaba allí. Le aseguraba que no la iba a olvidar y que iba a ir conmigo a donde sea que yo fuera.

Y no me la olvidé. La puse en el bolso de mano, por si alguna gran idea no podía esperar, y me fui.

Llegó a Nueva York sana y salva. Después a D.C. Encontré el lugar perfecto en mi mesita de luz, con una lapicera al lado, no fuera a perderse alguna idea por no tener con qué escribir.

Tres meses y medio pasaron desde ese día y todas sus hojas siguen vírgenes.

No fue por falta de nuevas experiencias, o de anécdotas para contar. Material tuve de sobra. Tampoco fue por no tener dónde escribir. Si no llevaba la libreta -cada vez más seguido fue quedando recluida al cajón- podía escribir en el celular, en una servilleta, siempre había un lugar. Pero nunca hubo un momento.

Siempre estaba ese instante en el que todo el mundo frenaba y podía absorber todo lo que pasaba a mi alrededor. Las palabras aparecían como en una máquina de escribir en mi cabeza, prontas para imprimirse en las páginas de la libreta. Hasta pensaba que tenía que agarrar lo primero que tuviera a la mano para plasmarlas, para que mi memoria no fuera la responsable de salvaguardarlas, porque sabía que era frágil. A pesar de ser consciente de todo eso, no lo hice.

“Cuando llegue a casa lo escribo”. “Más tarde lo hago”. “Estoy ocupada viviéndolo, si me siento a escribir ahora me lo pierdo”. Todas mentiras. El “después” nunca llega. Si uno no empieza algo cuando está con la energía para hacerlo, no lo empieza nunca. Los astros no se van a alinear, las agujas del reloj no van a dejar de correr para que uno tenga ese espacio solo para dedicarle a la escritura. Ese espacio lo tengo que hacer yo, dentro de las 24 míseras horas que tiene un día.

Lección Nº1: Las cosas pasan cuando uno hace que pasen.

Sí. Una lección que podría salir en el próximo volumen de “Psicología Barata 101”, pero que es necesario no perder de vista. Es difícil aceptar que me haya llevado 8490.48km, más de 22 años, y una libreta azul vacía.

Escribir es la excusa que encontré para estar escribiendo ahora, la realidad es que pasa con muchas otras cosas. Siento ganas de hacer, pero cuando dejo pasar esas ganas, la pereza me invade de forma tal que me olvido que esas ganas existieron alguna vez. Elijo la comodidad de no hacer, sabiendo que quiero hacerlo, pero que “más tarde” es un mejor momento. Más mentiras.

Nunca me había visto como ese tipo de persona. Hasta que la evidencia de la libreta, desveló que yo era una persona “a último momento”, y que necesitaba de esa presión para actuar, para ir detrás de lo que quería.

Vivir en el exterior, con los días contados para que “la mejor experiencia de mi vida” se termine, resultó ser una lucha interna, día a día, entre las ganas y la pereza, entre el ahora y el después. Me obligué a hacer porque no sabía cuando tendría esa oportunidad otra vez. Escribir, es el último eslabón de ese proceso.

Escribir, descubrir, salir, observar, oír, experimentar, cambiar, todo podría haber pasado en Montevideo. Lo entiendo ahora. Necesité irme lejos para verlo desde otro ángulo. Por supuesto, D.C. tuvo su cuota de momentos exclusivos, pero pasaron porque yo hice que así fuera.

Durante meses no escribí pensando que cuando me fuera de intercambio iba a escribir acerca de experiencias inolvidables todos los días. Resultado: a 24 días de volver a Uruguay estoy escribiendo por primera vez. Más vale tarde que nunca, o eso dicen.

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Esta entrada se publicó el 30 de noviembre de 2013 en 10:39 pm y se archivó dentro de Uncategorized. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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