Parque de juegos

Su voz me transportó al primer día.

Éramos todos cachorros intentando olfatear al otro para saber si podíamos jugar. Ninguno era conocido, y el parque donde corríamos era nuevo. Teníamos miedo de correr lejos porque la correa podía frenarnos, y eso dolía.

La foto de ese día mostraba Mastines y San Bernardos al lado de Chihuahuas y Pugs. Todavía había distancia entre unos y otros, no sea cosa que cruzaras el territorio ajeno y se armara una pelea. Nadie quería eso el primer día.

Todos éramos el mejor amigo del hombre, mostrábamos obediencia y lealtad. Bueno, casi todos. Siempre estaba aquel que era mejor que volviera al bozal.

El parque fue ensuciando el pelaje brilloso de ese día y fue revelando al perro callejero que había debajo. De a poco nos fuimos dando cuenta que no había correa, y que el parque no tenía fin.

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Esta entrada se publicó el 1 de diciembre de 2013 en 11:25 pm y se archivó dentro de Uncategorized. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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